Lenguaje Inclusivo: ¿Qué sentido tiene?

El Lenguaje Inclusivo es solo la punta de un enorme iceberg. Para que no pierdas mucho tiempo debatiendo si “a la RAE le gusta esto” o no, y no caigas en una rigidización del “usted no lo diga”, hoy quiero compartirte un muy breve resumen de algunos de sus fundamentos históricos, éticos y por qué no, también poéticos.

Para entender cuál es el sentido del uso del lenguaje inclusivo, primero hay que revisar algunos antecedentes:

Patriarcado

No debiera ser una novedad en estos días hablar de cómo nuestra sociedad ha estado históricamente modelada desde una estructura de poder patriarcal, es decir, una sociedad donde se le otorgan mayores privilegios a los hombres, sólo por el hecho de nacer hombres. “Gobernado por el hombre jefe”, eso significa el patriarcado. Y no es que esté mal en sí mismo que un hombre esté a cargo de tomar las decisiones, el problema es que por siglos ha sido la condición sine qua non para la estructura social, ha segregado y oprimido a otras formas de comprender las relaciones humanas. ¿Bajo qué argumento? básicamente “porque dios así lo quiso y porque dios también es hombre”.

Capitalismo

Han existido muchas civilizaciones primitivas con estructuras patriarcales. ¿Deberíamos viajar en el tiempo y funarlas a todas? a muchas por supuesto que sí, a otras habrá que mirarlas desde un punto de vista históricamente situado y darle una vuelta. El problema es que hace ya varios siglos que la humanidad ha avanzado en pos de un mayor desarrollo, pero lo ha hecho en gran parte desde la perspectiva del capitalismo, lo que entre otras cosas ha favorecido una división sexual del trabajo, legitimando una subordinación de la mujer y perpetuando una dinámica de opresión.

Machismo

Lo ya descrito ha estado amargamente sazonado a lo largo de la historia por el machismo. La creencia de la superioridad del hombre por sobre la mujer. Exagerando características supuestamente propias de la hombría y promoviendo prácticas violentas que posicionan a la mujer como objeto al servicio de las necesidades del hombre. El machismo cree homenajear a la “gran mujer que está siempre DETRÁS de todo gran hombre”, o se cree con el derecho (incluso con el deber) de emitir juicios sobre el cuerpo de una mujer al “piropearla”. El machismo subyuga, y se perpetúa a sí mismo, desde la sutileza de discursos y acciones que, para quien no presta atención, parecen inofensivos.

Heteronorma

“El hombre debe ser bien hombre y la mujer toda una señorita”. Este discurso hegemónico no da lugar a toda la diversidad de vivencias, identidades y expresiones sexoafectivas. La heteronorma valida y permite solo la expresión heterosexual de personas cis. Esto ha invisibilizado y estigmatizado por siglos a la diversidad sexual, forzando la categorización en  binarismos obsoletos.

Discursos de Poder

Estas prácticas discursivas otorgan poder y privilegios a cierto grupo de la población, definiendo normas a seguir y castigando a quienes no se adhieren a ellas. Es así como las sombras de esta opresión histórica se han expandido durante siglos en la sociedad mediante la crianza, educación, legislación, religión etc. Podemos identificar estos discursos de poder en escenarios tan diversos que van desde la redacción de leyes hasta las bromas o refranes más populares. Está en todas partes y muchas veces se convierte en “el árbol que no nos deja ver el bosque”.

Feminismo

Frente a estos antecedentes surgen las luchas y teorías feministas. Hay autoras que sitúan en el siglo XVIII el momento en que sale a la luz la vindicación de los derechos de la mujer en tanto ser humano. Aquellas primeras feministas exigieron para la mujer los cambios que la ilustración estaba trayendo para los hombres. Apuntaban a ser reconocidas como sujetas de derecho, libres y pensantes por sí mismas. Querían ser reconocidas como ciudadanas en igualdad de condiciones que los hombres.

El feminismo no es una antítesis del machismo. No nace del menosprecio hacia el hombre. Nace desde las mujeres como una reclamación por ser consideradas tan humanas como los hombres, ante la sociedad, las leyes y su propia autonomía en la toma de decisiones sobre su vida. Hablamos de las teorías feministas, ya que no corresponde a una sola lucha. En su vindicación se han diversificado y complementado de acuerdo con variables como la clase social, la raza, la sexualidad, etc.

Una duda razonable

Entonces: si comprendemos en profundidad la estructura patriarcal y heteronormada de nuestra sociedad, y cómo durante siglos se ha legitimado a sí misma perpetuando prácticas en principio “inofensivas”; ¿no cabe al menos la sospecha, por ejemplo, en que el género gramatical de las palabras para referirse a un conjunto sean masculinas?, ¿no es a lo menos razonable la necesidad de un análisis crítico y reflexivo de nuestra lengua, yendo más allá de la norma establecida? Frente a tantos siglos de opresión hacia la mujer y la diversidad sexual, ¿no es acaso un gesto mínimo el cambiar el morfema “o”, por una “@”, “x” o “e”? ¿Será para escandalizarse tanto?

Lenguaje Inclusivo

Promueve el uso del lenguaje de tal manera que no invisibilice a las mujeres ni a las personas no binarias. Para esto modifica ciertos usos lingüísticos que históricamente han favorecido más a los hombres cis.
Dos hombres, una mujer: todos.
Dos mujeres, un hombre: todos.
Una mujer, un hombre, una persona no binaria: todos.

El lenguaje obliga a mujeres y no binaries a identificarse con lo masculino, no así los hombres con lo femenino.

De la poética a la política

No pretendo hacer aquí una revisión exhaustiva de los fundamentos, o una apología del lenguaje inclusivo ni mucho menos argumentar la necesidad de incluirlo en nuevas versiones de la RAE, o en la redacción de una nueva constitución, por ejemplo. Lo que pretendo es simplemente aportar al diálogo y si es posible destacar el carácter poéticamente combativo que en lo personal veo en la transformación del lenguaje. Cuando uso esa “e” que incomoda, la uso porque es una “e” combativa, cuyo fin es tensionar un status quo para gatillar una conversación desde el respeto y la contraposición de argumentos. Es poética porque mediante la palabra permite instalar una reflexión política respecto de los derechos y deberes que tenemos como ciudadanes; respecto de la tolerancia, respeto y empatía.

“Mira, dije todes! ya soy aliade!”

Si bien es cierto somos seres que construimos realidades con el lenguaje, está claro que no basta con cambiar el lenguaje para cambiar la realidad. No es suficiente para generar cambios a largo plazo y desde la raíz. Pero si considero que es necesario, como una estrategia más entre otras. Como he expuesto anteriormente, el discurso de poder de unos por sobre otres ha calado hasta lo más hondo de nuestras prácticas cotidianas. De igual manera, el cambio debe avanzar por todos los flancos, desde los más mínimos gestos simbólicos hasta las más concretas acciones. Desde lo micro, hasta lo macro y de vuelta a lo micro.

Quien se va a dormir tranquile por haber usado lenguaje inclusivo pero sin haber cambiado en lo más mínimo su forma de relacionarse con otres, o sin haber propiciado espacios de respeto y paridad, no está comprendiendo en realidad el sentido de todo esto, a saber: la acción.

LLeve la moda, lleve la moda!

Tampoco desconozco que el lenguaje inclusivo así como otras producciones contraculturales sean víctimas de las “modas”, o de una corrección política sin mayor profundidad que el mero “dar la respuesta correcta” por pura deseabilidad social. Sin embargo, esto es un fenómeno que trasciende lo relacionado al lenguaje inclusivo y que cruza toda nuestra sociedad y medios de comunicación. Creo que no se le puede exigir a una emancipación de la opresión tal responsabilidad, más aún cuando esta responsabilidad de los vicios de nuestra cultura recae en quienes han ostentado el lugar de privilegio y dominación por siglos.

Recomendaciones

Finalmente, creo que el uso del lenguaje inclusivo es una opción que se toma desde la conciencia de la exclusión y dominación perpetuada durante años de parte de un grupo humano que se ha impuesto sobre otro. En lo personal, evitar los sesgos de exclusión implícitos en el lenguaje, es un gesto que me demanda un esfuerzo menor, pero cuyo impacto poético y político me resulta significativo. Después de todo, no puede distraernos tanto el uso o no de una “e”. La reflexión y acción que nos convoca es con creces mayor.

José Manosalva.
Psicólogo Clínico, Universidad de Talca.
Postítulo en Focusing Oriented Therapy.
Instructor de Alba Emoting.
Director de Centro Árbol, área comunicaciones.

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Editado por José Manosalva

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